Atención al cuerpo en la educación emocional: herramientas y ejercicios

Desde que nacen, los niños y niñas utilizan su cuerpo para expresar y comunicar lo que sienten. Lloran, patalean, se estremecen, se encogen… Estas señales las utilizamos como padres y madres para detectar las necesidades de nuestros hijos.

Las personas estamos preparadas desde que nacemos para utilizar nuestro cuerpo como medio de comunicación. Sin embargo ¿Somos conscientes del potencial comunicativo de nuestro cuerpo? ¿Le das importancia a lo que el lenguaje corporal te transmite, o lo que la expresión facial de alguien te transmite?

William Stokoe (docente experto en lengua de signos) ya definió la expresión corporal como un “lenguaje pre-verbal”. Es decir, es lo primero que capta nuestro cerebro y con lo que rápidamente generamos las primeras interpretaciones. Y, sin embargo, no le prestamos normalmente ninguna atención consciente.

¿Os habéis dado cuenta de la cantidad de información que perdemos si únicamente atendemos el lenguaje verbal? En la sociedad en la que vivimos todo transcurre muy rápido, no tenemos tiempo de pararnos a observar, de detectar todo lo que los demás nos transmiten.

 ¿Somos capaces de escuchar a nuestro cuerpo?   

Nuestro cuerpo no solo nos transmite información sobre los demás, sino también sobre nosotros mismosSon habituales las situaciones en las que nos duele la cabeza, la tripa, una pierna, sentimos tensión en diferentes partes del cuerpo… Mensajes y mensajes que no para de lanzarnos nuestro cuerpo sobre las diferentes emociones que siente y que no solemos escuchar.

La atención al cuerpo es una herramienta fundamental en la educación emocional, que fortalece la autoestima, la seguridad emocional y la inteligencia intrapersonal. Es conveniente diferenciar entre inteligencia inter personal, referente a las interacciones con los demás y a la socialización y la inteligencia intra personal, que hace referencia al grado en el que conocemos los aspectos internos de nuestra propia manera de pensar, sentir y actuar. ¿Podríamos decir entonces que ambas inteligencias; inter e intrapersonal se ven potenciadas con la atención al cuerpo? Vamos a ver…

Desde la escuela no se le da la misma importancia a todas las inteligencias, dejando de lado en muchas ocasiones la dimensión social y emocional. Por ello, es necesario trabajarlo desde casa con nuestros niños/as. Como padres podemos y debemos educar para que nuestros menores entiendan sus emociones. Hoy sabemos que los niños que controlan sus emociones son más felices y se adaptan mejor a la escuela.

¿Qué podemos hacer?

Enseñemos a nuestros niños/as a parar, a observar y a identificar en situaciones complicadas y/o difíciles de manejar. Cuando aprendemos a hacer las cosas desde pequeños las automatizamos y las incorporamos a nuestras rutinas. Eso facilitará la comunicación y las relaciones con los demás acercándoles al maravilloso camino del desarrollo emocional.

Como hemos visto, el cerebro utiliza el cuerpo como medio para reflejar estados emocionales a través de la postura, gestos y movimientos. La expresión corporal es una herramienta para que los niños y niñas empiecen a tener conciencia de ellos mismos, de sus potencialidades y limitaciones, tanto motrices como emocionales y facilitar así la adquisición de herramienta mágica  de la inteligencia emocional, la empatía.

Aquí te proponemos una serie de pautas más concretas que te servirán de gran ayuda:

1. Despertar la escucha interna: estar atentos a los cambios del cuerpo, qué sentimos y en qué momento. Enseñar a nuestros niños a PARAR, a reflexionar y expresar como tienen el cuerpo después de según qué situaciones. Así ayudamos a despertar la conciencia emocional. Se puede realizar justo antes o después de una situación con carga emocional o realizarlos a través de imaginación guiada.

Ejemplo: imagina que hoy es tu primer día de cole, y estás entrando por la puerta de clase: ¿Cómo tienes el cuerpo? ¿Qué postura tienes? ¿Qué sientes?

2. Observar esos estados fisiológicos: dónde lo siento y con qué intensidad. Las emociones, en cada uno de nosotros, tienen sus órganos diana. Hay personas que el miedo lo sienten en la tripa, otras sin embargo el miedo les genera tensión cervical y dolor de cabeza. Cuando aprendamos cuáles son los órganos diana de nuestras emociones podremos entender mejor lo que sentimos y cuándo lo sentimos; claves para controlar nuestras emociones.

Ejemplo: ¿Qué parte del cuerpo te duele? ¿Mucho o poco? ¿Te duele igual que en otros momentos? ¿Cuándo te duele también así?

3. Análisis comportamental: ¿Qué hago después? ¿Cómo reacciona mi cuerpo? Es importante bajar a conciencia cómo reacciona nuestro cuerpo en determinadas situaciones y porqué. Posiblemente suceda que un niño/a los primeros días de clase se mantenga retirado del grupo, no participe de manera activa o hable con muy bajo tono de voz. Es posible que este niño verbalice sentir vergüenza pero la emoción básica que hay detrás es el miedo. También es habitual que los niños relacionen el llanto únicamente con la tristeza y sin embargo las lágrimas se presentan en situaciones de enfado, de tristeza, de miedo o incluso de alegría. Ayudemos a nuestros niños/as a detectar todo el amplio abanico de reacciones fisiológicas que poseen nuestras emociones.

Ejemplo: ¿Qué hiciste cuándo te sentías así? ¿Se te ocurre algún otro momento en que tu cuerpo reaccione igual? ¿Qué te gustaría hacer la próxima vez que te sientas así?

Ahora os proponemos 4 ejercicios para trabajar con los y las menores la atención corporal:

  • Nos movemos al ritmo de… persona enfada/triste/avergonzada. Es importante observar cómo se comportaría según ellos una persona triste, o avergonzada o aterrada. También nos da pistas para conocer los mensajes corporales de nuestros niños.
  • Preguntas claras: ¿Cuándo estás enfadado qué sientes en el cuerpo y dónde?
  • Tarjetas de emociones (para niños/as de hasta 5 años): El objetivo es aprender a reconocer las emociones según las expresiones faciales y describir cada uno de los sentimientos.
  • Improvisación teatral (para niños de más de 5 años): Se puede plantear como un juego de teatro. Al niño/grupo se le presenta una situación de la vida cotidiana y se le proporciona una emoción al azar; de manera que tenga que ser que el personaje/es que viva esa situación con la emoción que les haya tocado. Es importante observar cómo creen ellos que ocurriría una misma situación si una persona está alegre, triste, o nerviosa.

En resumen, no somos conscientes de la cantidad de mensajes que el cuerpo nos lanza y no detectamos. Tanto para entender y comprender cómo actúan y por qué las demás personas (inteligencia interpersonal), como para detectar qué sentimos nosotros, en qué situaciones y  con qué intensidad. De manera que podamos prever reacciones emocionales y gestionarlas/manejarlas (inteligencia intrapersonal). Enseñemos a nuestros niños a escuchar a su cuerpo y a reflexionar sobre lo que sienten y crearemos en ellos mayor seguridad emocional, autoconocimiento y capacidad de adaptación a todo tipo de situaciones.

SI ESCUCHAS A TU CUERPO CUANDO SUSURRA NO TENDRÁS QUE HACERLO CUANDO GRITE.

 

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