15 ejercicios Mindfulness para niños/as

Cuando un niño/a se despierta por la mañana no se detiene a pensar en las cosas malas que sucedieron el día anterior, ni tiene miedo por la aventura que le depara ese día. Viven tan intensamente que el poder del ahora gana a las preocupaciones y los temores.

Los niños y las niñas viven en el AHORA de manera natural. No entienden de pasado ni de futuro, sólo de presente. Para ellos/as, el mindfulness es más fácil que para los adultos. Esa capacidad la van perdiendo con el tiempo y más rápidamente aún si les sobre-estimulamos y no respetamos sus ritmos de desarrollo.

En este artículo os traemos ideas para practicar mindfulness o atención plena con niños/as en casa.

Antes de comenzar cualquiera de los ejercicios hay que seguir una misma pauta: el padre, madre o educadora/a ha de situarse delante del niño/a mirándole y con voz tranquila y suave explicarle el ejercicio. Más adelante el propio niño/a estará preparado para proponer él o ella los ejercicios, eso sería todo un éxito. Si el adulto no está en buena disposición para hacerlo el niño o niña tampoco lo estará. Si queréis, podéis consultar nuestro artículo de mindfulness para la gestión emocional en adultos.

15 ejercicios Mindfulness para niños/as:

  1. Enséñales diferentes tipos de respiraciones y practicarlas. En internet hay multitud de ideas y en esta foto tenéis varias de ellas.
  2. Jugando a la mímica y al espejo. Uno en frente del otro, imitándose. Debe ser movimientos lentos y suaves, pequeños (mover los dedos) y grandes (la pierna). Los roles se pueden ir cambiando. Evitad hablar.
  3. Jugar a los acertijos con pistas. Aprovechad para que tengan que adivinar cosas que estén en la naturaleza y así acercar la misma a casa.
  4. Comer sin distracciones. Sin ningún aparato electrónico encendido. Utilizad los cinco sentidos para disfrutar de la comida.
  5. Hablar de emociones y pensamientos. Después de una película o de un acontecimiento que haya pasado en casa podéis aprovechar para que identifiquen emociones y pensamientos. Os ofrecemos la herramienta del “Pienso, Siento y Actúo” para que os valga de esquema.
  6. Juegos de encontrar las diferencias. Ese tipo de juegos requieren concentración y fijarse en los detalles. Suponen un buen entrenamiento.
  7. Haciendo Yoga para niños. Hay multitud de opciones en la red adaptadas a las edades. Por ejemplo aquí tenéis una.
  8. Ofrecerle un objeto (si es una fruta o verdura puede ser más divertido) y examinarla por completo, hablando de las texturas, de los colores, de los olores, de los pequeños detalles que tenga, de a qué se puede parecer esos pequeños detalles, a qué sabe… etc.
  9. Que dibuje su habitación u otra estancia de la casa con el mayor detalle posible.
  10. Que lea una poesía en voz alta.
  11. Dar el “parte meteorológico interior”. ¿Qué tiempo está haciendo dentro de mí? ¿Está soleado, nublado? ¿Qué se avecina? Hacedlo primero vosotros/as de ejemplo para que lo entienda bien.
  12. Vendar los ojos y que descubran objetos. Selecciona unos objetos y métodos en una bolsa. Luego le vendas los ojos y debe descubrirlos. Ayúdale a que no se precipite en su respuesta. Si quieres al principio ponle un máximo de oportunidades de acierto.
  13. Que dibujen cómo están, cómo se encuentran. Que utilicen todos los colores que necesiten, dejémosles que expandan su creatividad.
  14. Escuchar música un minuto sin hacer nada más. Luego se puede ampliar el tiempo e incluso pedir ciertos movimientos. Por ejemplo, que se muevan solo apoyando las puntas de los pies.
  15. Centrar la atención en la experiencia de abrir y cerrar las manos y que se den un automasaje.

Es recomendable que después de estas experiencias les preguntemos qué tal, cómo se encuentran y/o si quieren repetirlo. Podemos así observar más su evolución y en ellos/as provocar más autoconciencia.

Os animamos a realizar los ejercicios con ellos y disfrutar juntos de sus beneficios. Con ellos, con la atención plena, estamos enseñando una poderosa herramienta de gestión emocional. No significa quitarle importancia al dolor sino, como dice Deborah Schoberlein (2011) consiste en vivir las emociones cómodas e incómodas de manera más constructiva. Es decir, de hacernos emocionalmente más inteligentes.

 

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