Hablemos de RABIETAS

¿Qué visualizas en tu cabeza cuándo piensas en la palabra “rabietas”?

rabietasEstos enfados grandes que parecen como si los niños/as cortocircuitaran… Llegan cuando peor nos vienen, nos dejan en evidencia, nos provocan inseguridad, culpabilidad y otras emociones complicadas de gestionar. Pero, ¿Es posible que tengan algún propósito? ¡Pues sí! Ya que significan que nuestro hijo/a está madurando o desarrollándose correctamente. Las rabietas nos muestran diferentes cosas:

 

– Son una señal de que está creando su identidad y su autodeterminación, un indicador de la construcción de su personalidad.

– Suponen el comienzo de su independencia psicológica.

– Expresan un sano apego con los padres.

– Con la rabieta liberan la tensión y frustración que se genera durante el día.

Son necesarias, tu hijo y/o hija se encuentra en un momento en el que su cerebro no está fisiológicamente preparado para gestionar el torrente de emociones que experimenta. Esto también nos sucede a los adultos, es lo que Daniel Goleman (psicólogo precursor de la inteligencia emocional) bautizó como “el secuestro de la amígdala”.

Ante las rabietas podemos plantearnos las siguientes cuestiones:

  • ¿Qué significa para mí una rabieta? Pienso en una llamada de atención, una manipulación…

  • ¿Cómo actúo cuando mi hijo/a tiene una rabieta?

  • ¿Qué ha podido llevar a mi hijo/a sentirse así?

  • ¿Cómo gestiono yo mis emociones? Por ejemplo, cuando aparece una de las rabietas de mis hijos.

Tranquilo/a, toma aire, estas preguntas no se responden con prisa.

Las rabietas en exceso pueden crear situaciones difíciles de gestionar en el día a día y crear un ambiente complicado en el hogar. Es importante tener en cuenta que aún dentro de la inevitabilidad de las rabietas, podemos hacer mucho para prevenirlas.

Aquí te ofrecemos 7 sugerencias que ayudarán a la prevención de las rabietas en un 90% de los casos:

  1. Disponer la casa de manera accesible y práctica para los pequeños y pequeñas. Que puedan moverse con libertad nos salva de posibles rabietas.

  2. Estar atentos a sus necesidades básicas (el sueño y el hambre) e intentar que estén cubiertas antes de pedirle otras cosas que le supongan esfuerzo para él/ella.

  3. Prestarle atención de calidad. Hacerle partícipe de algunas de nuestras tareas pueden ayudarnos a dársela cuando estamos ocupados/as.

  4. Tener unas rutinas marcadas, sobre todo en el orden de las mismas sin agobiarnos en exceso por las horas.

  5. Explicarles de manera razonada las cosas y darles opciones para hacerles más partícipes.

  6. Captar su atención distrayéndolo con algo o cambiándole de ambiente cuando vemos que la rabieta está a punto de estallar.

  7. Cuidado con el “NO”. Abusar de esta palabra puede ser contraproducente. Para los niños/as menores de 3 años el concepto del “no” es demasiado abstracto. Por ejemplo, si dices a tu hija de 3 años “no te subas ahí”, aumentarás las posibilidades de que se suba ya que se podrá visualizar haciéndolo cuando antes no.

Cuando llegamos al momento de estallido las estrategias a utilizar son diferentes. Aunque a veces tendemos a actuar de manera impulsiva te proponemos otro tipo de soluciones. Recuerda que somos un ejemplo a seguir, antes, durante y después de la rabieta.

Herramientas educativas que pueden ayudarte a resolver las rabietas de una manera respetuosa:

  • Ponernos a su altura y mirarle a los ojos, así conseguiremos conectar mejor con su visión, y no tendrán que mirarnos desde abajo.

  • Ayudarle a identificar lo que está sintiendo. Es la base para una buena educación emocional. Al ponerle nombre a la emoción, podemos comenzar a gestionarlo. “Entiendo que estés enfadado porque no quieres que nos vayamos del parque, sabes que te quiero mucho y te ayudaré a calmarte”

  • Explicarlo de manera sencilla, firme y cariñosa, buscando un contacto físico, por ejemplo poniendo la mano sobre sus hombros o rodillas.

  •  Sacarle de la situación o contexto que ha provocado la rabieta, puede ayudarle a desbloquear su  emoción e indagar en sus necesidades.

  • Buscar una alternativa donde el niño, una vez haya bajado la emoción, pueda proponer. ¡Dejemos libre nuestra creatividad!

  • Una vez haya pasado todo reforzar positivamente aquellos logros, promoviendo su autorregulación.

¿Qué es lo que quieres que aprenda? Si sabemos gestionar bien nuestras emociones ayudaremos a que nuestros hijos/as lo vayan imitando. Permanecer enfadados después de la rabieta no es positivo.

Para terminar, queremos ofrecerte una bonita herramienta para realizar en casa con los y las peques:

Se trata de crear un espacio, un lugar especial donde el niño/a obtenga diferentes posibilidades para calmarse y volver a un estado de calma o equilibrio cuando se sienta fuera de control, en una rabieta o enfado fuerte. El nombre que reciba este lugar lo podéis decidir entre todos y todas. Las características más importantes que debe cumplir es que sea escogido y decorado en conjunto por toda la familia. ¿Qué debe contener? Todo tipo de elementos que permitan y favorezcan la vuelta a la calma y la relajación. ¿Algunos ejemplos? Libros, juguetes específicos (peluches, legos) , música, cuadernos y colores, cojines, plastilina, objetos para masajear, pizarra y todo lo que los niños/as digan que les relaja.

 

¡Adelante! Hagamos del camino de la educación, un gustoso vuelo.

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